Yo también Desperté

Al final del día, cuando la luz se retira con la humildad de quien sabe que no puede quedarse para siempre, la sombra comienza a pensar por mí. No llega de golpe: se desliza, se acomoda, abre un espacio donde las grietas de la piel dejan de doler. En ese instante, las fracturas ya no son heridas; son caminos. Señalan lo que resistí, lo que perdí, lo que aprendí a dejar entrar.
La tarde cae como una respiración honda. Las formas se suavizan, el mundo se vuelve gris, y todo lo que durante el día exigió claridad pierde su filo. La luz, antes tan insistente, se retira con una ternura que solo se revela cuando uno se queda quieto. Hay verdades que no soportan el brillo: necesitan penumbra para mostrarse.
El día había comenzado con una claridad tímida. El sol dudaba en tocar la tierra, como si temiera despertar demasiado rápido a un mundo que aún guardaba rocío en las hojas. Yo también desperté así, despacio, dejando que el pensamiento se acomodara entre los sonidos del campo. Pero a medida que la luz crecía, también crecía la exigencia: tareas, rostros, recuerdos. Todo pedía atención. Y sin embargo, algo en mí buscaba refugio en la sombra, ese territorio donde el alma respira sin tener que justificarse.
Fue al caer la tarde cuando lo entendí. La sombra no es ausencia: es maestra. En su abrazo, el silencio deja de ser vacío y se vuelve compañía. Las fracturas se transforman en puertas. Lo que parecía quiebre revela su propósito. Y yo, que había pasado el día sosteniendo claridad, me descubro descansando en lo que apenas se intuye.
La noche llega como una promesa. Las estrellas, pequeñas y obstinadas, recuerdan que incluso en la oscuridad hay caminos. Mientras el mundo se apaga, yo me quedo quieta. Respiro. Dejo que la sombra piense por mí. Hay pensamientos que solo florecen cuando el día se rinde, cuando la luz deja de exigir y la penumbra permite sentir.
En ese borde del mundo, descubro que también yo puedo ser mapa, grieta, camino. Que no todo lo roto es pérdida. Que hay paraísos que solo se alcanzan cuando uno se atreve a mirar desde la sombra.
¿Te gustó esta entrada? Apóyame con un café ☕