SABIDURÍA DEL SILENCIO

En la casa del alma,
donde el viento conversa
con los pensamientos,
aprendí que la soledad no es ausencia,
sino un jardín donde germina la calma.
Allí, el tiempo se sienta conmigo,
me enseña a escuchar mi respiración
como quien oye el mar desde adentro.
Cada rincón se vuelve templo,
cada sombra, una palabra que me revela.
Vivir solo no es estar sin nadie,
es estar con uno mismo,
sin miedo al eco ni al reflejo.
Es descubrir que el amor propio
se descubre, se cultiva.
Y en ese espacio propio,
la meditación se hace fuego lento,
la sabiduría se viste de silencio,
y el corazón aprende, al fin
que amarse cuenta.
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