PASO LENTO SI, PERO SABIO

En sus ojos, luz del atardecer.
sus pupilas cansadas
se quedaron en caminos de tierra y piedra,
Sus manos, mapas de piel delgada,
un día sostuvieron el peso del mundo.
Hoy tiemblan, también su historia;
son raíces aferradas a la tierra,
sosteniendo el árbol de su estirpe.
Camina lento el abuelo,
como quien pisa un suelo sagrado
o teme despertar al pasado.
Cada pliegue en su piel,
un libro abierto de historias.
Desde arriba, desde la certeza:
sabe que lo real no fue el oro acumulado,
sino el paso por otras almas.
Los peldaños invisibles que construyo
con bondad, para su legado.
Mirarlo es mirar un espejo de cristal fino,
un hilo que nos ata a su vida,
a nuestro mañana.
Somos las ramas de su árbol;
respiramos porque él abrió el bosque.
No basta con reconocerlo;
hay que besar sus manos gastadas.
Hay que devolverle el aire en cada abrazo.
Su vejez, el poema de la tierra.
Acompañar sus pasos torpes no es un deber, es privilegio:
es sostener el candil de la vida en su último tramo
y darle las gracias al fuego que nos dio calor.
El abuelo no busca aplausos ni homenajes,
solo quiere que alguien tome su mano y le diga,
sin palabras, que su paso lento
sigue marcando el ritmo del mundo.
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