LA VOZ QUE AÚLLA AL CIELO: El clamor de quienes no tienen palabra

Un galgo rescatado encuentra alivio en los brazos que lo salvan
Un galgo rescatado encuentra alivio en los brazos que lo salvan

Hay una imagen que se repite en cualquier calle del mundo: un perro flaco, con las costillas marcadas bajo el pelaje sucio, que camina con la cabeza gacha o, a veces, la levanta hacia el cielo y aúlla, como si supiera que ningún oído humano lo va a escuchar. Esa imagen no tiene nacionalidad. Se repite en Bogotá, en Madrid, en Ciudad de México, en Seúl. Los perros —los más cercanos al hombre, los más dependientes de su bondad o de su abandono— son también los más vulnerables a su crueldad.

Esta es una crónica sobre esa herida global. Pero también sobre el heroísmo silencioso de esos mismos animales, y sobre lo que Colombia todavía tiene pendiente con su "mejor amigo".

I. El mundo, caso por caso

España: el mes que los galgos le temen al calendario

En España existe una fecha que las protectoras de animales conocen como "el terror de los galgos": el fin de la temporada de caza, en febrero. Según datos recopilados por asociaciones como Galgos del Sur y Anima Naturalis, se estima que decenas de miles de galgos y podencos son abandonados cada año una vez terminada la temporada de caza —los que se lesionan, los que envejecen, los que ya no rinden, simplemente se desechan. Solo Galgos del Sur, una protectora en Córdoba, rescató 274 perros de caza en 2024, la mayoría galgos. La cifra oficial que reporta el Seprona (apenas 8 galgos abandonados al año) contrasta de forma escandalosa con lo que ven a diario quienes recogen a estos animales en las cunetas.

Un segundo hecho, menos conocido pero igual de sistemático: muchos de estos perros no son simplemente abandonados, sino ahorcados o lanzados a pozos por cazadores que no quieren "perder tiempo" llevándolos a un refugio. Es un patrón tan reconocido en el país que tiene nombre propio en el argot proteccionista: "la temporada de los ahorcados".

Un perro no sabe de fronteras ni de leyes. Solo sabe esperar, con la cabeza levantada hacia el cielo a que alguien lo escuche.
Un perro no sabe de fronteras ni de leyes. Solo sabe esperar, con la cabeza levantada hacia el cielo a que alguien lo escuche.

Corea del Sur: el fin de una industria centenaria

En enero de 2024, el Parlamento surcoreano aprobó una ley histórica que prohíbe la cría, el sacrificio, la distribución y la venta de perros para consumo humano, con penas de hasta tres años de cárcel para quien la incumpla a partir de su entrada en vigor plena, el 7 de febrero de 2027. Se calcula que en 2024 había entre 400.000 y 450.000 perros criados para carne en el país; hoy, según el Ministerio de Agricultura surcoreano, solo quedan unos 20.000.

Pero el cierre de esta industria dejó al descubierto otra cara del maltrato: mataderos abandonados con herramientas de electrocución, y activistas como Shin Joo-woon, de la organización KARA, que ha denunciado que muchos animales "quedaban conscientes mientras sus órganos internos ardían". En mayo, esa misma organización rescató 29 perros de una granja abandonada en Pyeongtaek y denunció a su dueño por crueldad animal. El fin de una tradición no ha significado, todavía, el fin del sufrimiento de los animales que quedan atrapados en su desmantelamiento.

México: la fiesta y el descarte

Siete de cada diez mascotas en México sufren algún tipo de maltrato, según una investigación del Instituto Belisario Domínguez del Senado mexicano, que además advierte que solo se castiga el 0.01% de los casos, pese a que en 31 entidades del país el maltrato animal ya es un delito.

Dos ejemplos verificados y recientes ilustran el patrón: en abril de 2025, durante la Feria de Primavera de Jerez, en Zacatecas, un burro fue forzado a arrastrar una carreta con cinco adultos hasta colapsar por agotamiento físico, un episodio documentado en video que reabrió el debate sobre el uso de animales en fiestas tradicionales. Y en agosto de 2025, en pleno centro histórico de Mérida, un caballo calesero se desplomó frente a turistas tras trabajar desde las cuatro de la tarde; el cochero reconoció que no le había dado descanso.

Argentina: setenta mil caballos bajo el yugo urbano

En Buenos Aires se calcula que más de 70.000 caballos siguen siendo usados para la llamada "tracción a sangre" —tirar de carros de cartoneros y recicladores—, una práctica que viola al menos diez leyes nacionales y provinciales argentinas, entre ellas la ley de maltrato animal 14.346. Según relatan quienes trabajan en su rescate, muchos de estos caballos son alquilados por distintas personas en el mismo día, lo que se traduce en jornadas de más de diez horas sin que nadie asuma la responsabilidad de su bienestar; terminan, muchas veces, en un basural de barrio cuando ya no sirven.

En Concepción, un caso documentado por la prensa local narra cómo un caballo, ya anoréxico y exhausto, se desplomó en plena calle mientras tiraba una carreta cargada de ramas y objetos viejos. El veterinario que lo asistió determinó que la falta de alimentación y el exceso de esfuerzo lo habían llevado al colapso; el dueño quedó detenido.

II. Estadísticas que no dejan lugar a dudas

-En Argentina, se estima que más del 60% de los animales domésticos ha sido víctima de algún tipo de maltrato o negligencia.
-En México, siete de cada diez mascotas sufren maltrato, y apenas el 0.01% de los casos recibe sanción.
-En España, la Fiscalía tramitó 1.232 procedimientos judiciales por maltrato animal solo en 2025, con 283 sentencias condenatorias.
-De los casos reportados de abuso hacia perros en distintos estudios, los pit bulls representan uno de los porcentajes más altos entre las víctimas, con frecuencia usados y luego desechados en peleas clandestinas.

Los números varían de país a país, pero cuentan la misma historia: la denuncia formal es apenas la punta visible de un problema mucho más extendido y silencioso.

Los números varían de país a país, pero cuentan la misma historia
Los números varían de país a país, pero cuentan la misma historia

III. Colombia: la deuda pendiente con el mejor amigo

Lo que dice la ley

Colombia ha avanzado, al menos sobre el papel. Desde la Ley 1774 de 2016, los animales dejaron de ser jurídicamente "cosas" para ser reconocidos como seres sintientes, con derecho a protección especial contra el sufrimiento. Esa ley modificó el Código Penal y tipificó el maltrato como delito. Más recientemente, la Ley Ángel (Ley 2455 de 2025) reforzó las sanciones: quien cause lesiones graves a un animal puede enfrentar entre 20 y 42 meses de prisión, y si causa la muerte, la pena es aún mayor, sumada a una inhabilidad de uno a tres años para tener animales bajo su cuidado.

Pero entre la ley escrita y la calle hay una distancia enorme. Las mismas escenas se repiten, casi con guion idéntico, en distintas ciudades del país.

Los caballos de Cartagena

Cartagena es, quizás, el ejemplo más doloroso y más filmado de esta distancia. Un informe de la Procuraduría General de la Nación encontró que más de 40 caballos usados para pasear turistas en coche habían superado la edad límite para prestar el servicio, se encontraban desnutridos y presentaban frecuencias cardíacas muy por encima de los valores normales debido al esfuerzo físico y a jornadas de más de doce horas sin acompañamiento veterinario.

Los desplomes en plena calle, frente a turistas que no dan crédito a lo que ven, se han vuelto un patrón recurrente en la ciudad amurallada, incluso años después de que un decreto municipal ordenara la sustitución de los vehículos de tracción animal.

Los burros de La Guajira

En Riohacha, cámaras de seguridad captaron a un burro en estado de extrema delgadez a punto de desplomarse mientras cargaba materiales de construcción bajo el sol intenso del Caribe. Vecinos denunciaron que estos animales son usados a diario para transportar agua, escombros y materiales pesados, muchas veces sin descanso ni alimentación adecuada. No es un caso aislado: en Cartagena, en el barrio La María, un burro se desplomó tras arrastrar una carreta con carga de reciclaje; la inspección posterior encontró a otros dos burros en condiciones que comprometían gravemente su bienestar.

La falta de empatía como cultura

Lo que estos casos revelan no es solo la ausencia de control estatal, sino algo más profundo: una normalización cultural del sufrimiento animal como parte del paisaje urbano. El caballo que se desploma, el burro que tambalea, el perro que aúlla en la calle —son escenas que muchos colombianos han aprendido a mirar sin detenerse, como si fueran parte del clima. Cambiar eso no depende solo de una ley más severa, sino de una reeducación colectiva de la mirada.

¡Caballo carretillero se desplomó en plena vía de Tuluá! Durante la tarde del viernes 18 de septiembre de 2026, un caballo utilizado para labores de tracción animal se desplomó cerca de la estación de Bomberos.
¡Caballo carretillero se desplomó en plena vía de Tuluá! Durante la tarde del viernes 18 de septiembre de 2026, un caballo utilizado para labores de tracción animal se desplomó cerca de la estación de Bomberos.

IV. Los héroes de cuatro patas

Frente a tanta crueldad, hay también una lista de nombres que merece ser dicha en voz alta.

Frida, la labrador retriever de la Marina de México, se hizo célebre tras los terremotos de 2017: participó en la localización de decenas de personas entre los escombros de edificios colapsados, equipada con botas protectoras y gafas especiales.

Balto y Togo, dos huskies siberianos, lideraron en 1925 una carrera de trineos de más de 1.000 kilómetros a través de tormentas de nieve para llevar el antitóxico que frenó una epidemia de difteria en Nome, Alaska. Togo recorrió el tramo más largo y peligroso; Balto, el tramo final, y por eso es el que terminó con una estatua en Central Park.

Barry, un San Bernardo suizo de comienzos del siglo XIX, rescató a más de cuarenta personas atrapadas en avalanchas y tormentas de nieve en los Alpes, y dio origen a la fama mundial de su raza como perros de rescate.

Roselle, una perra guía, acompañó a su dueño ciego escaleras abajo por la Torre 1 del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, manteniendo la calma en medio del caos hasta sacarlo con vida del edificio.

Estos nombres no compensan el sufrimiento documentado en las secciones anteriores. Pero recuerdan algo esencial: la lealtad de estos animales hacia el ser humano no depende de que el ser humano la merezca.

Quino, perro rescatista de la ONG española. Falleció tras luchar durante dos meses y medio contra una patología que no pudo ser diagnosticada. Después de ayudar a rescatar personas durante el terremoto en Venezuela, en 2026.
Quino, perro rescatista de la ONG española. Falleció tras luchar durante dos meses y medio contra una patología que no pudo ser diagnosticada. Después de ayudar a rescatar personas durante el terremoto en Venezuela, en 2026.

V. ¿Dónde están mejor protegidos?

La protección legal de los animales varía enormemente según el país:

  • Alemania incluyó el bienestar animal en su Constitución desde 2002, y su legislación es considerada una de las más estrictas de Europa.
  • Reino Unido tiene un marco robusto desde la Animal Welfare Act de 2006, con sanciones severas y una larga tradición de fiscalización mediante organizaciones como la RSPCA.
  • España avanzó con su Ley de Bienestar Animal, aunque persisten vacíos importantes, como el que deja fuera de esa protección a los perros de caza mientras están en actividad.
  • Cuba, en contraste, cuenta con una Ley de Bienestar Animal, pero el maltrato no está tipificado como delito en su Código Penal: las sanciones son solo administrativas, lo que en la práctica limita mucho su capacidad disuasoria.
  • Colombia se ubica en un punto intermedio: con la Ley 1774 de 2016 y su refuerzo mediante la Ley Ángel de 2025, el maltrato es delito con penas de prisión reales. El reto ya no es tanto legislativo como de aplicación efectiva, control territorial y educación ciudadana.

    VI. ¿Qué hacer si presencias maltrato animal?

    En Colombia:

    • Línea Nacional de la Fiscalía: 01 8000 9197 48, para casos con lesiones graves, mutilación o muerte del animal (Grupo GELMA – Grupo Especial para la Lucha contra el Maltrato Animal).
    • Plataforma "A Denunciar" o la app Denuncia Fácil, en fiscalia.gov.co.
    • Unidad de Reacción Inmediata (URI) o Sala de Atención al Usuario (SAU) de la Fiscalía más cercana, de forma presencial, para casos graves.
    • Inspecciones de Policía o Alcaldías locales, para casos de desatención, desnutrición o abandono sin lesiones físicas graves (Código de Policía, Ley 1801 de 2016).
    • En Bogotá: Línea 123 y el Escuadrón Anticrueldad del Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal.
    • Las denuncias pueden hacerse de manera confidencial para proteger la identidad de quien denuncia.

    La ley obliga a que toda denuncia sea atendida en un máximo de 24 horas. Si presencias un caso y no denuncias, la propia ley 1774 contempla esa omisión como una conducta reprochable.

    ¿Tienes alguna historia sobre maltrato animal que desees dar a conocer?

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