ESCALERAS HAIKU: Lo que el cielo no retuvo
En Oahu, en el valle de Haiku, hubo una escalera que subía hacia las nubes. Casi cuatro mil peldaños de metal, clavados a la montaña en plena guerra, cuando el mundo necesitaba escuchar señales lejanas desde la cima. Nació como secreto militar y terminó siendo peregrinaje: miles de pies la subieron después, sin permiso, solo por la promesa de la vista desde arriba.
Las Escaleras Haiku, en la isla de Oahu, Hawái, consiste en un hermoso sendero con gran variedad de flora y fauna. A lo largo de sus 3 mil 922 escalones de madera y metal, podrás ascender hasta la cima para admirar espectaculares vistas.

Cerrada desde 1987, prohibida y aun así caminada, la escalera se volvió mito urbano: lo que no se debe hacer, pero que todos quieren hacer una vez. Y como pasa con los mitos, también generó su propio final. No la venció el óxido ni el tiempo — la bajaron con helicópteros, escalón por escalón, hasta dejar la montaña otra vez desnuda.
Queda la pregunta que no se resuelve fácil: ¿Qué se pierde cuando se quita lo que ya era prohibido? Tal vez no el camino en sí, sino el gesto de quienes igual se atrevían a subir.
Haikus
Sube el deseo,
donde ya no hay escalón
solo queda el cielo
Peldaño de hierro,
la niebla no pregunta
quién sube o baja.
Escalón mil,
el cansancio se vuelve
oración muda.
Donde acaba el metal
empieza lo invisible —
solo hay viento.

Tankas
Sube el caminante
sin saber que la altura
no está en la cima:
está en cada paso dado
sobre el hierro que tiembla.
La escalera es cuerpo,
la montaña es memoria,
el cielo, promesa.
Y entre peldaño y peldaño
cabe toda una vida.
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