El Rugido del Alma Espantando a la Razón
Vivimos en piloto automático, anestesiados por la rutina y conformes con las sombras de quienes realmente somos. Nos da miedo mirar hacia dentro porque tememos lo que podamos encontrar. Pero el alma no busca comodidad; busca la verdad. El poema que comparto hoy con ustedes no es un ruego de paz ni un consuelo para el corazón. Es un manifiesto de poder, una declaración de guerra contra el olvido de uno mismo y un recordatorio de que estar despierto exige abrazar tanto nuestra luz más brillante como nuestra sombra más profunda. Despojen su mente de expectativas y dejen que estas líneas sacudan el letargo.

Desterrada del Sueño
No pido permiso para ser.
Acepto el rayo que estalla en mi palabra,
la fuerza implacable que me arrastra
como un río de fuego a través de los siglos.
Abro los ojos ante el diseño invisible:
esa geometría sagrada que me sostiene
mientras el resto del mundo deambula dormido,
perdido en el eco de sus propios miedos.
No soy un templo de piedra rezando en la sombra.
Soy el relámpago viviente que rasga el engaño
cada vez que escojo la verdad desnuda.
Amo el incendio total que me compone:
el abismo de mi raíz, la furia de mi fuego,
la noche de mi sombra y el filo de mi ascenso.
Soy autora, la herida y la gloria
de la historia que hoy mismo reescribo.
Que se rompan los cielos si es necesario.
El orden supremo no es un ruego,
es el estallido inevitable de la tierra
cuando el alma, por fin, decide despertar.
Abre los ojos
Cerrar los ojos ante la verdad ya no es una opción cuando el alma ha decidido despertar. Este poema es mi espejo, pero también es el tuyo. Ser todo lo que somos implica dejar de pedir permiso para brillar, romper las estructuras invisibles que nos atan al miedo y reclamar el fuego que nos pertenece por derecho divino. El diseño mayor ya se está desplegando, y la tierra está lista. La única pregunta que queda en el aire es:
¿seguirás durmiendo o te atreverás a despertar conmigo?
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