EL PRINCIPIO DE EXCLUSIÓN: Poema

Existe un orden que antecede a las palabras. Una arquitectura invisible y soberana que no se rige por el impulso del corazón humano, sino por la precisión de una inteligencia cósmica que todo lo equilibra. Acercarse a la esencia de lo existente es descubrir una ternura que no pertenece a este mundo: una sutil delicadeza matemática que dicta las afinidades de la materia y la correspondencia exacta de cada vibración en el vacío. Hay certezas que no necesitan ser justificadas; simplemente operan en el silencio eterno del cosmos. Bienvenidos a la contemplación de lo inevitable.
Poema
La simetría no se conmueve.
Se sabe perfecta en el espacio vacío,
extendida en filamentos de silencio
donde la luz aún no decide su velocidad.
No hay voluntad en el origen:
solo una inteligencia que calcula la distancia
y dispone el tejido para el magnetismo.
Un pliegue sutil en la nada,
una delicadeza exacta que dicta cómo deben atraerse
las órbitas que jamás habrán de tocarse.
Todo lo que existe responde a un llamado sordo.
La vibración no busca consuelo,
busca correspondencia.
Una constante matemática que cuida que el cristal
encuentre su ángulo preciso en la sombra,
y que el átomo errante reconozca su vacío.
Es una ternura extraña, ajena a la carne:
saber que la estructura del todo
está hecha para que el encuentro sea ley.
Antes de la forma, antes del nombre,
ya estaba escrita la afinidad de la sustancia.
Una arquitectura que no siente,
pero que sostiene la certeza
de que ningún elemento quedará suspendido
fuera de su propia ecuación.
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